Que alguien me pellizque, porque aún no me la creo…
En mi corazón siempre existió el anhelo de ser madre, pero jamás imaginé lo largo que sería el camino. Después de dos pérdidas y cuatro años de espera, hoy caminamos sobre una oración contestada. Fueron años en los que el Señor trabajó profundamente en mi fe, en mi carácter y en mi madurez en Él. Temporadas en las que el desierto parecía no tener fecha de caducidad… y aun así, había una promesa que brillaba como un rayo de luz en medio de la oscuridad.
El 17 de octubre de 2022, el Señor nos habló por primera vez a mi esposo y a mí acerca de Benjamín, nuestro hijo. Y así como nos habló esa vez, lo hizo múltiples veces más durante los siguientes tres años… tres años que para mi corazón expectante parecieron eternos. Recibimos promesas, palabras de aliento y sueños que, en algún momento, llegué a dudar si alguna vez vería cumplidos.
Pero en medio de todo, Dios sostuvo mi mano y mi corazón. Me enseñó que Sus tiempos no son los míos, que Sus maneras tampoco lo son, y que lo que Él ha hablado y prometido… Él lo cumple. Este año, el silencio en esta área de nuestras vidas pareció cesar. Dios comenzó a recordarme que Su mirada estaba puesta en mí; afirmó mi corazón, pero también me llevó al punto más vulnerable: rendir mi anhelo más profundo y decirle, con total sinceridad, “Si pasa, te alabaré para siempre. Pero si no pasa, también te alabaré.” Y entendí, una vez más, que toda la plenitud que necesito la encuentro únicamente en Él.
Y fue justo ahí, en ese lugar de plenitud y contentamiento en Dios, donde descubrimos que un bebé venía en camino. El fin de semana pasado hicimos el gender reveal para compartir nuestra alegría con familiares y amigos, y sí… esperamos a nuestro pequeño Benjamín. Este embarazo ha sido un testimonio aparte —uno que compartiré en otro blog—, pero esta semana mis ojos no han podido contener tantas lágrimas de felicidad y gratitud. Varias veces le he dicho a Julio (mi esposo) que aún me parece mentira que aquello por lo que oramos durante tanto tiempo hoy sea una realidad. Y sí, he tenido ganas de pedirle que me pellizque, solo para asegurarme de que no es un sueño.
Si hoy te encuentras en un tiempo de espera, deseo animarte y recordarte una vez más que en el tiempo perfecto de Dios lo verás. Si te has sentido sola o desanimada, recuerda que Él ha prometido estar contigo cada día. Y si sientes que te faltan fuerzas para seguir orando o luchando por tu promesa, quiero recordarte con todo mi corazón: Él es quien renueva tus fuerzas y te infunde aliento.
¡Dichosa tú que has creído, porque lo que el Señor te ha dicho se cumplirá! - Lucas 1:45